ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE TERAPIA CENTRADA EN LA PERSONA Y COUNSELLING
Avalado por el Centro de Investigación en Ciencias del Comportamiento

Organizan:

CURSO SUPERIOR DE FORMACION EN

COUNSELLING

ESPECIALISTA EN

 TERAPIA CENTRADA EN LA PERSONA

Teoría y Metodología en Counselling de Orientación Rogeriana
Especialista en Terapia Centrada en la Persona



Modalidad: Online
Matricula:  Abierta todo el año
Duración:   950 horas

Profesores:
José Rodríguez Devesa
Presidente de la Asociación Española de Terapia Centrada en la Persona y Counselling, Psicoterapeuta de Orientación Rogeriana
Teléfono: 607 14 23 04
Correo: rdevesa@live.com
Ana Teresa García González
Secretaria de la Asociación Española de Terapia Centrada en la Persona y Counselling, Psicóloga, Psicoterapeuta de Orientación Rogeriana
Teléfono: 646 96 83 51
Correo: garciagonzalez8@gmail.com
Ion Corcuera Llorente
Adjunto a la Direción del Centro de Investigación en Ciencias del Comportamiento, Doctor en Ciencias del Comportamiento, Psicoterapeuta de Orientación Rogeriana
Teléfono: 609 86 83 81
Correo: ioncorcuera@hotmail.com

Interesados pueden solicitar el programa de estudios y precio por email o teléfono

LA FELICIDAD

Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones, como el miedo, la tristeza o la ansiedad, como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.

La felicidad se encuentra en la intersección entre el placer y el significado. Ya sea en el trabajo o en el hogar, el objetivo es realizar actividades que sean personalmente significativas y agradables. Cuando esto no es posible, asegúrese de tener reforzadores de la felicidad, momentos a lo largo de la semana que le aporten tanto placer como significado.

Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos.  Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno  o medio vacío? ¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?.

Gestione mejor su tiempo. Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo.  La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.

Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos,  o no hacemos, con nuestro cuerpo, influye en nuestra mente. Hacer  ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer de forma saludable, lleva tanto a la salud física como mental.

Exprese agradecimiento cuando sea posible. Muy a menudo damos por sentado nuestras vidas. Aprenda a apreciar y a disfrutar las cosas maravillosas de la vida, desde las personas hasta la comida, desde la naturaleza a una sonrisa.

LA REFLEXION
La vía de la razón, disciplinada en sus métodos de análisis, ordenada en sus procedimientos, no parece suficiente, con resultar indispensable. Hace falta también, encontrar los caminos de la creación y de la intuición, para que  podamos orientar nuestra reflexión  “sobre las cosas que más importan”. Y saber abrirnos paso entre las distracciones que nos presenta la vida cotidiana, para no perder el camino, una vez encontrado.
Los sabios de siempre nos recomendaron reiteradamente la práctica de la reflexión, o de la meditación, evitando dejarse llevar por el caótico movimiento de las emociones, que tanto distorsionan el tranquilo fluir de los pensamientos. Un periódico alejamiento de las preocupaciones, un contacto con la naturaleza iban siempre a acompañar la actividad de la mente, con sus beneficiosos efectos.
Estos consejos están en abierta oposición con las continuas invitaciones de nuestra sociedad actual a divagar en ensoñaciones superficiales, o dejarnos llevar por la seducción de las imágenes, que llegan a distorsionar nuestras percepciones internas sobre lo que es la realidad, o lo que de verdad importa.

CRÍTICAS Y BUENOS EJEMPLOS
Aunque son muchos los que han hablado de las críticas constructivas y las críticas destructivas, nos atrevemos a disentir en este aspecto, ya que la experiencia diaria nos demuestra que las críticas son siempre destructivas. Y esto no es culpa de la crítica como procedimiento racional, sino de las personas que actúan llevadas por sus impulsos emocionales y subjetivos antes que por la razón y el buen sentido.
Vivimos en un mundo disfrazado de certezas y seguridad, pero la contrapartida se da en lo profundo de cada ser humano, donde se manifiesta de manera más o menos explícita, la inseguridad, la duda y el miedo. El potencial de acción y creación está notablemente reducido; la capacidad de entender y superar los problemas se ve recortada por la ignorancia que existe en estos terrenos. Y así el hombre se protege, disfrazando también sus temores y su inhabilidad bajo la forma de críticas. En general, todo es objeto de crítica, y destructiva por cierto, pues cuanto peores son los demás, mejor se siente el que inconscientemente se defiende al ocultar sus propios defectos. El que critica es automáticamente el que sabe, el que supuestamente puede hacer las cosas mejor que los otros y el que tiene las soluciones a todos los problemas.
El que critica jamás se preocupa en buscar nada bueno en nada ni en nadie, no justifica ningún error ni perdona la menor falta; el que critica es, pues, quien se cree en posesión de toda la verdad y quien se considera libre de toda equivocación. Como mucho, guardará sus elogios más o menos extensos según las necesidades para la persona, grupo o estructura sociopolítica en la cual se siente amparado. El que critica, en todo caso, se cuida mucho de llevar a la práctica sus ideas, pues nada mejor que la puesta en acción para demostrar que también podría ser objeto de iguales o peores críticas que las que él ha formulado. La crítica genera críticas; de la mala voluntad sólo deviene mala voluntad.
Sin que lo expuesto signifique cerrar los ojos, oídos y boca dejando pasar todo lo que honradamente se considera erróneo, creemos que hay maneras y maneras de señalar errores, y maneras y maneras de volver el espíritu crítico hacia uno mismo en busca de un perfeccionamiento que al menos avalase esa crítica. Más allá de los engaños deliberados a los que nos vemos sometidos por el endiablado esquema actual de vida que llevamos, lo cierto es que siguen existiendo seres de buena voluntad en el mundo. Lo cierto es que no hay nada más hermoso que reconocer los logros de estos seres y estimularlos. Y lo cierto también es que, si no encontramos nada que valga la pena, no hay crítica más constructiva que ponerse a trabajar en aquello que creemos bueno y posible. El ejemplo sigue siendo la mejor de las enseñanzas, la mejor demostración y el más acabado argumento.
CALIDAD DE VIDA
Los seres humanos vivimos en tensión permanente entre los valores espirituales y las necesidades materiales, tal como han reflejado páginas inmortales de las grandes epopeyas universales. La gran lucha se libra en el corazón humano, tal es la enseñanza de tantos símbolos guerreros de las diferentes culturas.
Tener acceso a bienes materiales, comodidades, placeres produce una especie de encantamiento que puede llegar a adormecer la conciencia y asfixiar los anhelos del espíritu. Es lo que explica que la riqueza del mundo se acumule cada vez en menos manos, sin el menor atisbo de solidaridad, o sentido de la justicia para los que sufren los estragos de la miseria.
La crisis económica que azota a la mayoría de los países considerados del primer mundo está colocando a millones de personas ante la dolorosa experiencia de perder lo que se tenía, de no lograr alcanzar lo que se quiere. Y tales sacudidas están siendo una oportunidad para sopesar lo que de verdad tiene valor en la vida. No para todo el mundo, es cierto, pues como ya nos enseñó el Buda, el apego a las cosas es la causa de nuestro dolor y cuesta desprenderse de lo que se tenía por valioso.
Estamos aprendiendo que la calidad de vida no debería medirse, como se viene haciendo hasta ahora, en función de los objetos materiales que se tienen, sino que se encuentra precisamente en la práctica de los valores espirituales. Que hay más felicidad en el sentimiento del deber cumplido, compartir ideales y proyectos con los demás, apreciar y cuidar la naturaleza y otras muchas experiencias que, una vez vividas, descubrimos que dejan en nosotros una huella luminosa de plenitud.
La búsqueda de la sabiduría, el encuentro con los maestros de la Humanidad, la reflexión sobre lo que necesita nuestro mundo para renovarse y mejorar, no solo aportan calidad a nuestra vida, sino que le dan sentido.
VALORES MORALES
Los períodos de crisis son positivos para los seres humanos, porque estimulan cualidades que permanecen latentes en los ciclos de bonanza, como el ingenio, la imaginación y la creatividad, que son las que promueven los avances y las oportunidades de mejora personal y profesional.
Una de esas consecuencias positivas es la necesidad de reflexionar sobre los valores morales, que se reconocen en el fondo de toda crisis. Lo más preocupante de las situaciones que vivimos y que consideramos críticas, no es únicamente sus efectos calamitosos sobre la actividad económica con sus consecuencias devastadoras. Eso, no es lo peor que nos está pasando, lo peor es el desconcierto con respecto a lo que debe ser, aquello por lo que vale la pena vivir, lo que tiene valor para los seres humanos, lo que a pesar de las dificultades nadie nos podrá quitar. Cunde el desánimo que produce conocer las conductas de personajes que deberían ser ejemplares, por desempeñar cargos de responsabilidad, comprobar que muchos, tal vez demasiados, en lugar de buscar el bien común, persiguen el propio beneficio, cuando no el enriquecimiento fraudulento… con tales modelos, la vida social corre el peligro de reproducir el siniestro lema de “el hombre es un lobo para el hombre”.
Y aparece la propuesta de recuperar los valores como una de las posibles salidas a una crisis que es sobre todo moral, en el sentido clásico de la aplicación práctica de unos principios éticos, una visión del mundo que se sustente en ideales compartidos y reconocidos como válidos por todos.
La humanidad ha recibido una herencia espiritual en sabiduría, en conocimiento, que sigue viva y vigente como una de nuestras mayores riquezas, no lo olvidemos.
CARPE DIEM, VIVE EL PRESENTE
Cada ciclo que termina nos obliga a mirar el tiempo que tenemos por delante como si fuera el comienzo de una nueva historia que nos disponemos a vivir. No cabe duda de que el comienzo de un nuevo año es una de esas ocasiones cíclicas, que nos proporcionan la oportunidad de mirar hacia dentro y recuperar nuestros caminos interiores, los laberintos que fuimos trazando en la búsqueda incesante de nuestros propósitos.
En esta ocasión, el contexto social en el que nos desenvolvemos nos está invitando de manera insistente a considerar que vivimos el final de una época, con la incertidumbre de no saber hacia dónde se orienta el nuevo ciclo de la Historia. No debería angustiarnos ni sorprendemos, pues aun sin esa sensación apocalíptica, vivimos sometidos a los cambios, de manera constante, aunque engañados por la ilusión de lo permanente. Pero es sabido que necesitamos seguridad y estabilidad como base de sustentación.
En medio de estas incertidumbres y desasosiegos ante los que nos anuncian un futuro cargado de amenazas, puede ser saludable seguir el consejo de muchos sabios de vivir el presente, como indica el antiguo lema, Carpe diem, acuñado por el poeta romano Horacio.
Muchos han sido los significados asignados a estas dos palabras, según el espíritu de las distintas épocas y las mentalidades. Es una invitación a la conciencia de lo que tenemos entre manos, en el aquí y en el ahora, sin ceder a la tentación de añorar tiempos pasados ni de temer o desear un futuro hacia el que huimos, con nuestras aspiraciones vanas.
Vivir el presente nos ayudará a valorar lo que somos, lo que hemos logrado, los instrumentos que nos permiten colocarnos en sintonía con lo que la vida nos ofrece en cada momento, para reconocer las oportunidades que nos presenta y también las dificultades que debemos superar.
“Todo un programa para comenzar un nuevo año, un nuevo presente”